jueves 7 de enero de 2010

[Arqueologia] HOMENAJE a Nobuko Tadokoro Takamatsu ilustradora de libros para niños y jóvenes en el Perú

HOMENAJE
El trazo mágico
Por: Lorenzo Osores
Diseñador gráfico, caricaturista.

No se puede hablar del arte de la ilustración para niños y jóvenes en el Perú del siglo XX sin mencionar a Nobuko Tadokoro Takamatsu,  artista de primera magnitud. No lo digo yo, lo dice su propia obra.

El encuentro
La conocí hace cerca de cuatro décadas, en el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Educación (Inide). Nombre demasiado largo y solemne para los que formábamos el equipo de diseño gráfico de la dirección de publicaciones. Un alegre y díscolo grupo reunido por el periodista Raúl Vargas con la tácita consigna de ponerle color a tan grisácea institución. Lo integraban el talentoso y multifacético Germán González; el brasileño Ronoel Salgado Zahdi, encargado de diseñar los libros de matemáticas; Alfonso Respaldiza, llamado cariñosamente Retabliza por su acercamiento al arte popular andino; el "Pato" Andrade, un exiliado chileno de dibujo un tanto rígido que fue mejorando notablemente gracias al influjo y constancia de Nobuko.

La gran artista
Nobuko detestaba esa concepción edulcorada que trata a los niños como si fueran adultos bobos. En la literatura infantil sabía detectar a los Herodes solapados que gracias a la estupidez institucionalizada terminan copándola. Los llamaba "cucarachas disfrazadas de libélulas".

Nobuko era egresada de Bellas Artes y, además de su buen dibujo, dominaba la teoría del color. Pero sabía que esas cualidades no eran suficientes para incursionar como ilustradora  en el mundo de la niñez. Ella siempre tuvo muy claro que antes de emprender un trabajo tenía que investigar sobre el tema propuesto, sentirlo suyo. Solo entonces levantaba vuelo con gran audacia, alejándose totalmente de las intenciones didácticas y del pretendido candor infantil.

La amiga Nobu
Por su encanto personal, por sus nobles gestos de amistad inquebrantable, Nobu se convirtió en nuestra engreída. No obstante que era muy discreta, sabía ser firme y cortante, incapaz de hacer la mínima concesión a la fealdad burocrática y a sus exponentes. Hasta ahora recuerdo a una funcionaria que nos reprochó: "A ustedes les pagan por divertirse". Felizmente, no faltaban los amigos que nos demostraban su cariño: Camsi Montero, Andrés García, Jorge "el Cholo' Paz, Carlitos Ruiz, Norita Fonseca, Carmela Gutiérrez, Dina Soldevilla, Nilo Espinoza, Augusto Higa, Matilde Gamarra, Pablo Paredes, y, algún tiempo después, el poeta José Watanabe. Fue así como nuestro círculo gráfico se amplió hasta volverse multidisciplinario. Aparte de nuestro grupete, Nobuko tenía especial cariño por los pintores Emilio Hernández Saavedra, Tang y Cristina Portocarrero, fogosa feminista e investigadora. Otra de sus amigas muy queridas era Marina Schreiber, bibliotecóloga y excelente dibujante.

Política de lo horrífico
Los avatares políticos y cambios palaciegos dispusieron que un general —personaje insignificante pero siniestro— se encargara de convertir en cenizas las ilustraciones, entre ellas las de Nobuko, que durante años habíamos realizado con el objetivo de hacer libros presentables para los escolares peruanos. Así acabó nuestra experiencia en el Inide.

El breve paso por Santillana
Después de ese trago amargo, vinieron los primeros libros de la editorial Santillana, que tuvo el privilegio de contar con un trío de ilustradoras de primera talla. Me refiero a Charo Núñez Carvallo, a Gredna Landolt y,  por supuesto, a Nobuko. Tan bella experiencia duró muy poco, demasiado poco. Mucho talento para expectativas más proclives al espíritu de ganancia que a la calidad gráfica, a la rentabilidad que a la estética.

El silencio
Hace unos veinte años, por razones que desconocemos pero respetamos, Nobuko optó por un radical ostracismo. Ninguno de los amigos más cercanos supo más de ella. De vez en cuando nos llegaban rumores sobre el deterioro de su salud y de su renuencia a restablecer contacto alguno. Quizá fue su discreta manera de irse de este mundo, su muda protesta contra la falta de gusto y sensibilidad de estos tiempos.

Me basta cerrar los ojos
Dina Sobrevilla, Diseñador grafica
Me piden recordarla y solo me basta cerrar los ojos. Vuelvo a las épocas de la Reforma Educativa, un grupo de jóvenes hacían de las suyas en el Inide. Nobuko hablaba poco y tenía malas pulgas pero qué importaba con todo ese talento que, nadie sabe cómo, cabía en una mujer tan menudita: de espaldas podía ser confundida con una adolescente. Recuerdo las hermosas chompas que tejía, su intenso pelo negro y su gran cerquillo, sus tortuosos amores y su inmenso corazón. Por muchos años la he recordado gracias a un libro que alguna vez me prestó y nunca devolví. Nunca supo lo mucho que me sirvió en mis pininos en el mundo del diseño gráfico. No fui su amiga. Solo tuve la suerte de conocerla brevemente y admirarla.